Excombatientes continentales y la guerra que también se vivió lejos de Malvinas

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A 44 años de la Guerra de Malvinas, tres integrantes de la Asociación Civil Combatientes Continentales, Gustavo Marini, Lázaro Basualdo y Néstor Guardia, llegaron a Frecuencia Camalote para contar una parte de la historia que «todavía permanece invisibilizada». Tenían 18 años cuando fueron convocados y, aunque no llegaron a combatir en las islas, permanecieron bajo bandera y cumplieron funciones estratégicas en distintos puntos del continente.

Néstor Guardia realizó el servicio militar en el Batallón Logístico de Montaña 6, en Zapala, Neuquén. Cuando estaba a punto de recibir la baja, le retiraron el documento, volvieron a cortarle el pelo, le entregaron el uniforme y el armamento, y lo trasladaron hacia la frontera con Chile. “Nosotros somos reservistas. Si esta guerra hubiera durado un mes más o quince días más, nosotros hubiéramos ido”, comentó.

En Ensenada, Marini y Basualdo atravesaron una situación similar; ambos prestaban servicio en Prefectura y tenían prevista la baja para el 15 de abril de 1982. El inicio de la guerra modificó todo porque quedaron bajo bandera y fueron destinados, entre otras tareas, a custodiar instalaciones de YPF ante el temor de posibles ataques. “Con 18 años no podés pensar en una guerra”, recordó Basualdo. “nosotros teníamos miedo. Si nos mandaban, íbamos a ir, obviamente. Pero teníamos miedo”.

Los testimonios también recuperaron la incertidumbre de aquellos días. Simulacros de ataque, apagones, guardias de hasta 12 horas y rumores permanentes sobre un eventual traslado al frente formaban parte de la vida cotidiana. “Después entendimos por qué”, manifestó Marini al hablar de la misa que recibieron y del rosario que les entregaron antes de ser enviados a cumplir funciones durante el conflicto.

Para los integrantes de la Asociación, la discusión central continúa siendo el reconocimiento como veteranos de guerra continentales. Guardia consideró que la reserva constituye una parte fundamental de cualquier estructura militar y rechazó el hecho de que, décadas después, todavía tengan que explicar su participación. “Todo el día estamos explicando”, afirmó. Y agregó: “No somos combatientes, pero sí somos veteranos de guerra”.

El reclamo también tiene una dimensión económica. En Berisso ya consiguieron un reconocimiento municipal que incluye beneficios impositivos y trabajan para avanzar hacia un reconocimiento provincial y una pensión honorífica. “En esta espera van muriendo compañeros. Cada vez somos menos, se nos va la vida y nunca viene el reconocimiento”, expresó Guardia.

Los tres coinciden en que el reconocimiento a quienes combatieron en las islas no está en discusión. Su planteo es que ese reconocimiento no debería excluir a quienes sostuvieron desde el continente la estructura necesaria para que la guerra pudiera desarrollarse, porque “ellos son héroes, fuimos compañeros. Nos podría haber tocado al revés”.

La charla terminó volviendo a aquellos jóvenes que un día recibieron la orden de quedarse cuando creían que su servicio militar había terminado. Más de cuatro décadas después, Marini, Basualdo y Guardia siguen contando lo que vivieron. No para disputar el lugar de quienes estuvieron en el frente, sino para reclamar que esa otra parte de la historia también sea reconocida.