El escenario geopolítico en América Latina atraviesa una etapa de creciente disputa por los recursos estratégicos. Así lo analizó en Frecuencia Camalote Leandro Nicolás Gri, coordinador del grupo de trabajo Proyección Estratégica y Geopolítica de Estados Unidos de OCIPEx, quien puso el foco en el nuevo acuerdo petrolero entre Venezuela y una empresa estadounidense.
Para comprender el alcance del entendimiento es necesario dividirlo en tres dimensiones. Por un lado, existe un acuerdo político entre ambos gobiernos, enmarcado —según su análisis— en la aplicación de la doctrina Monroe y la nueva doctrina de seguridad nacional impulsada por Donald Trump. En ese contexto, sostuvo que Estados Unidos habría utilizado la acusación de narcoterrorismo contra el gobierno venezolano como argumento para intervenir y modificar su relación política y comercial con el país.
El segundo aspecto está vinculado con el acuerdo entre Venezuela y la empresa estadounidense North American Blue Energy, a la que se le habría otorgado acceso a 17 campos petroleros, equivalentes a aproximadamente el 20% de las reservas venezolanas. Griel remarcó que se trata de una modificación sustancial respecto del esquema impulsado durante los gobiernos de Hugo Chávez, cuando las empresas extranjeras debían asociarse con la estatal PDVSA bajo un esquema en el que el Estado venezolano conservaba el 60% y el control de la explotación.
El especialista señaló además que existe un tercer acuerdo, entre el gobierno de Estados Unidos y la compañía, que contempla mecanismos de control sobre el directorio, acceso al petróleo a precio de costo y condiciones preferenciales sobre el resto de la producción. También indicó que existen diferencias respecto de la duración de la concesión: mientras Donald Trump habló de 100 años, desde Venezuela se mencionaron 25. “El papel duro no está todavía arriba de la mesa”, explicó, por lo que consideró necesario esperar la publicación del acuerdo definitivo.
Para Gri, una de las principales consecuencias geopolíticas es el desplazamiento de China y Rusia de áreas estratégicas de influencia en Venezuela. Los campos involucrados estaban vinculados anteriormente con empresas de esos países, por lo que Estados Unidos pasaría a tener una posición privilegiada sobre una parte significativa de los recursos petroleros venezolanos.
El analista también advirtió que el nuevo escenario funciona como una señal para el resto de América Latina. Consideró que Estados Unidos se está mostrando “mucho más asertivo” en la región y mencionó, aparte del caso venezolano, la presencia de tropas estadounidenses en Ecuador bajo acuerdos vinculados con la lucha contra el narcotráfico. En ese contexto, cuestionó el alineamiento del gobierno de Javier Milei con Washington y sostuvo que Argentina está observando de manera directa las consecuencias de esa estrategia.
En particular, se refirió al reciente giro del Gobierno nacional respecto de la cuestión Malvinas, porque consideró que el cambio tiene una fuerte dimensión interna y respondió a la necesidad del oficialismo de recuperar iniciativa frente a un escenario político adverso. Hacia el exterior, interpretó la postura como un intento de acompañar la estrategia de Trump frente al Reino Unido, aunque descartó que Estados Unidos vaya a romper su alianza histórica con Gran Bretaña por la cuestión Malvinas.
Finalmente, puso la mirada en las próximas décadas y en la creciente disputa internacional por petróleo, minerales, tierras raras, agua y otros recursos estratégicos. Advirtió que Argentina deberá discutir nuevas formas de administrar y proteger sus recursos, además de revisar sus paradigmas jurídicos y su política de defensa. “Es un debate que se tiene que instalar”, concluyó.