La inteligencia artificial avanza a una velocidad que todavía resulta difícil de dimensionar y, mientras su utilización se expande en ámbitos laborales, educativos y cotidianos, también crece el debate sobre sus límites, el uso de los datos y la necesidad de establecer reglas. Sobre este escenario habló Pablo Andrés Menegol, especialista en marketing digital, tecnología e inteligencia artificial, quien llamó a dejar de lado tanto el miedo como la fascinación acrítica.
Menegol cuestionó los discursos apocalípticos que anticipan el fin de la civilización, pero también rechazó minimizar los riesgos. “Es posible que se acabe el mundo por la inteligencia artificial”, sostuvo, aunque aclaró que su principal preocupación no pasa por un eventual escenario de ciencia ficción, sino por los problemas que ya existen. En ese sentido, reclamó una legislación que establezca límites a las empresas que desarrollan estas tecnologías.
El especialista puso como ejemplos a China y la Unión Europea, que ya cuentan con regulaciones específicas, y consideró que América Latina debería avanzar en una dirección similar. También destacó la existencia de proyectos como LATAM GPT, una iniciativa desarrollada en Chile que incorpora lenguas, costumbres y conocimientos propios de la región. “Estamos siendo cooptados por inteligencias artificiales que no entienden nuestras reglas, ni nuestras costumbres”, advirtió.
Otro de los puntos centrales de la charla fue la privacidad. Menegol recomendó no ingresar información personal, financiera o vinculada a la salud en herramientas gratuitas, ya que los datos pueden utilizarse para entrenar los modelos. Y llamó la atención sobre el uso de imágenes personales y rasgos faciales en aplicaciones de inteligencia artificial: “Hay que educar y poner en la mesa con qué se quedan cuando usás una inteligencia artificial gratuita”.
La educación aparece como otro de los grandes desafíos, ya que la incorporación de estas herramientas no debería reducirse simplemente a enseñar a utilizarlas, sino a comprender sus limitaciones. Explicó que los modelos de lenguaje generan respuestas a partir de cálculos de probabilidades y estadísticas, por lo que sus resultados pueden ser “verosímiles, pero no reales”. Por eso, insistió en la necesidad de verificar la información antes de tomarla como verdadera.
De allí la importancia del llamado human in the loop, la participación humana antes y después de utilizar una inteligencia artificial. Una parte fundamental está en saber formular correctamente las instrucciones y otra en revisar críticamente la respuesta obtenida. “Cuanto peor es el pedido, peor es la respuesta”, resumió, al remarcar que aprender a preguntar también forma parte del nuevo escenario tecnológico.
Menegol también defendió el valor de la producción humana frente al avance de los contenidos generados artificialmente. Como guionista e integrante de Argentores, señaló que el crecimiento de textos producidos por IA puede generar un fenómeno conocido como model collapse, cuando los propios modelos comienzan a entrenarse con contenidos generados artificialmente. “Hoy vale mucho más tu texto humano para seguir entrenando esas inteligencias artificiales que hace cinco años”, afirmó.
Finalmente, lejos de proponer abandonar la tecnología, llamó a conocerla y utilizarla de manera responsable. “No hay que huirle a la inteligencia artificial, hay que estudiarla”, acentuó. Para el especialista, el desafío no consiste en decidir entre tecnología o humanidad, sino en construir herramientas que permitan aprovechar sus beneficios sin resignar privacidad, derechos, conocimiento ni capacidad de decisión.