De Berisso a Gaza: el Concejo selló su hermandad con el pueblo palestino

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En el recinto de Montevideo y 8, sede del Consejo Deliberante, Berisso recibió al Embajador Palestino Riyad Alhalabi. La propuesta fue del concejal peronista Federico Ruiz y salió por unanimidad, cosa rara últimamente.

La actividad fue encabezada por la Presidenta del Honorable Concejo Deliberante de Berisso Aldana Iovanovich, que abrió el encuentro recordando la ligazón de Berisso con los pueblos del mundo fundamentalmente en esta época del año, donde la Fiesta del Inmigrante se hace presente.

En la apertura se leyó una adhesión del CEVECIM.

Ruiz, que fue quien empujó el proyecto, dijo que para Berisso mirar hacia afuera desde el Concejo también es hacer política. Que hablar de Palestina en una ciudad de inmigrantes es hablar de respeto entre culturas, de paz y de que cada pueblo pueda decidir su propio destino. Y agradeció que todos los bloques lo hayan acompañado, porque eso -dijo- le da a Berisso otra forma de pararse frente al mundo.

Seguidamente, habló habló el Embajador quien no se quedó en el protocolo. «Cuando un pueblo argentino abre sus puertas a Palestina, no está recibiendo a un político, está recibiendo a un pueblo», dijo. Se refirió a Gaza, a las madres, los pibes, los presos y de los que tuvieron que irse.

Después buscó el puente con la ciudad. Dijo que una ciudad que sabe lo que es el desarraigo, que conoce lo que es cruzar el mar para empezar de cero, entiende mejor que nadie qué significa defender la identidad y el derecho a vivir en paz en tu propia tierra. También se contó con la presencia del presidente del Hogar Árabe de Berisso, Román Nadef, acompañado por integrantes de su colectividad.

El final de la intervención fue el momento más político y más humano de la noche. Ya sobre el cierre, el embajador tomó una de las consignas que más se repitieron en la jornada y la hizo propia: «Seguimos luchando porque, como dicen aquí, la patria no se vende». Y enseguida tendió un puente directo con la historia local al decir: «Por eso pedimos, las Malvinas son argentinas. Ustedes toman la causa Palestina, nosotros tomamos la causa Malvinas».

Desde ahí, el discurso se corrió del acto protocolar y se volvió una definición de identidad. Explicó que la resistencia de su pueblo no pasa por sentirse diferente o más fuerte, sino por algo más básico y más profundo: el arraigo. «Nosotros luchamos con cultura, con estar firmes, con mantener la historia. No porque seamos diferentes, sino porque queremos nuestra tierra», expresó.

El tono subió cuando habló de justicia, donde fue tajante: «No buscamos venganza, sino justicia y libertad». Y remarcó que no habrá salida posible sin responsabilidades, porque «los criminales deben rendir cuentas, como Netanyahu; sin rendir cuentas no habrá paz».

En uno de los pasajes más claros, buscó desarmar un relato muy instalado: «Esto no es un conflicto religioso, es de ocupación. Es ocupación y genocidio. Lo que buscamos es Nunca Más masacres».

El cierre, en tanto, fue un pedido casi íntimo, lejos de la diplomacia; citando un ruego que le hicieron en Gaza, les pidió a los presentes que no dejen de hablar de Palestina. Que no dejen de hablar de las madres que enterraron a sus hijos y de los hijos que quedaron huérfanos.

Y dejó una última frase que quedó flotando en el salón en silencio: «El peligro es el silencio de los buenos».

Entre aplausos, fotos y banderaspalestina colada en las gradas, la tarde se fue con discursos de paz, autodeterminación y memoria..