El economista Martín Sotiru analizó la evolución del comercio internacional y del mercado laboral argentino, a partir de estadísticas que muestran un crecimiento significativo de las exportaciones, especialmente en el sector energético, pero también una caída del empleo privado registrado. En su columna en Aire de Ribera, dijo que el aumento de las ventas al exterior no se traduce necesariamente en mejoras para la economía cotidiana de la población.
En relación con el comercio internacional, destacó que septiembre registró exportaciones por más de 10.000 millones de dólares, un nivel récord. El crecimiento estuvo impulsado principalmente por los combustibles y la energía, cuyas ventas al exterior aumentaron cerca de un 90% interanual. Si bien las manufacturas de origen agropecuario y los productos primarios continúan teniendo un peso importante, subrayó el protagonismo creciente de Vaca Muerta.
Además, señaló que durante el año las exportaciones acumularon un incremento del 23%, mientras que las importaciones registraron una caída del 2%; esta diferencia permitió alcanzar un superávit comercial de aproximadamente 20.000 millones de dólares. De ese total, indicó, el Banco Central habría comprado unos 15.000 millones, mientras que el resto se destinó a otros movimientos, entre ellos la compra de divisas por parte de ahorristas y los pagos de deuda.
Sin embargo, Sotiru advirtió que estos resultados no garantizan una mejora de la actividad productiva ni de los ingresos de la población: “No estamos aprovechando esos dólares para industrializar parte de nuestra producción, ni siquiera para potenciar a los proveedores de Vaca Muerta o a los proveedores del campo”.
Para el economista, uno de los principales desafíos consiste en transformar el crecimiento exportador en una oportunidad de desarrollo para el conjunto del país. En ese marco, planteó que la distribución de los recursos generados por sectores estratégicos, como el energético y el agropecuario, debería ocupar un lugar central en el debate político. El objetivo «es que las divisas obtenidas permitan impulsar la producción, el empleo y el consumo interno, en lugar de quedar desconectadas de la economía cotidiana».
Por otra parte, se refirió a la evolución del mercado laboral y retomó un análisis del investigador Luis Campos, del Instituto de Estudios y Formación de la CTA Autónoma. La comparación entre el segundo trimestre de 2024 y el mismo período de 2026 muestra una caída superior al 2% del empleo privado registrado, equivalente a unos 132.000 puestos de trabajo menos, frente a un crecimiento de aproximadamente 420.000 trabajadores no asalariados.
Esta dinámica refleja el avance de modalidades laborales más precarias, entre ellas el monotributismo, el trabajo no registrado y las actividades vinculadas con las plataformas digitales. Se trata de un sector que, pese a su creciente presencia en las grandes ciudades, permanece relativamente invisibilizado en la discusión pública.
Para cerrar, cuestionó los resultados de las políticas económicas y laborales implementadas desde la aprobación de la Ley de Bases. A su entender, las cifras plantean interrogantes sobre la capacidad de esas medidas para generar empleo formal y fortalecer la producción nacional.