“La idea es festejar en el barrio y que todo lo recaudado sea para volver al mar con los chicos”, contó Nano, uno de los integrantes. La experiencia ya se realizó el año pasado y dejó una marca fuerte. “Muchos chicos conocieron el mar por primera vez. Este año queremos que puedan ir los que no pudieron y los que se sumaron”, agregó.
El festejo será en el Club Piria, un espacio que vuelve a abrir sus puertas para una actividad que mezcla cultura popular y organización comunitaria. Habrá música en vivo, buffet accesible y una lógica clara: que nadie quede afuera. “Tratamos de mantener todo lo más barato posible para que la gente pueda venir”, explicó.
Pero detrás del evento hay una realidad más profunda: “Hoy lo primero es que los chicos coman. Antes no pasaba, ahora sí. Vienen con hambre y lo tenemos que resolver nosotros”. La escena se repite con meriendas organizadas, comida compartida y esfuerzo colectivo para sostener lo básico.
La crisis también impacta en lo cotidiano. “A veces no tenemos ni para cargar la SUBE. Tenemos que organizarnos entre todos para viajar o para comer algo”, comentó.
Aun así, los pibes siguen llegando: “Buscan un lugar donde se los escuche, donde se sientan acompañados”, explicó. Y también se van sumando después de cada salida; pero hay otra cara, porque “muchos tienen que dejar porque se van a trabajar. Eso duele”.
La identidad del grupo está atravesada por lo que pasa alrededor. “Somos una murga de resistencia; todo lo que nos duele lo transformamos en canción”, afirmó. En su repertorio conviven la alegría del carnaval con letras que hablan de femicidios, represión o desigualdad.
El 15 de mayo, en el Club Piria, el festejo va a tener música, comida y baile. Pero también va a tener algo más profundo; la decisión de seguir estando, incluso cuando todo alrededor empuja en sentido contrario.
Dónde estamos
Cabo verde y la Merced,
Ensenada, Buenos Aires (1925)