El móvil de Frecuencia Camalote se acercó al Centro Cultural “El Clu”, ubicado en calle 159 entre 11 y 12, un espacio que desde hace más de 15 años se sostiene con trabajo colectivo, compromiso social y una fuerte impronta comunitaria.
“Es un centro cultural barrial y autogestivo”, define Clementina, una de sus referentes, al describir un lugar que va mucho más allá de talleres y eventos. “Pensamos esto como un bien común. No es de una comisión ni de una persona, es de todos los que lo habitan”, explicó.
El espacio, que nació a partir de una murga de jóvenes, fue creciendo con una lógica horizontal y participativa. Hoy lo sostienen más de 20 personas entre talleristas y coordinadores, con decisiones que se toman de manera colectiva. “Aprendimos con los pibes que esto no se cierra, que siempre hay que buscar la manera de que las cosas sucedan”, recordó emocionada.
Esa filosofía se traduce en una agenda diversa y en constante movimiento: talleres corporales como yoga, acrobacia y entrenamiento práctico; propuestas artísticas como cerámica, teatro, plástica y folklore; y actividades comunitarias como la huerta agroecológica, abierta y gratuita para vecinos y vecinas. También hay espacio para eventos: carnavales, recitales, peñas y encuentros culturales que convocan a personas de toda la región.
Uno de los ejes centrales del espacio es garantizar el acceso, ya que “los talleres son arancelados, pero no excluyentes. Nadie deja de venir por no poder pagar”. Becas, descuentos y acuerdos forman parte de una lógica que busca sostener la participación en un contexto económico adverso.
El Clu también tiene una fuerte identidad vinculada a la inclusión y la perspectiva transfeminista, entendida como una búsqueda de igualdad real. “No es un espacio separatista, es un espacio que piensa en el desarrollo de todas, todos y todes”, señaló.
A lo largo de su historia, el lugar también fue refugio en momentos críticos. Durante la inundación de 2013, funcionó como centro de acopio y distribución de donaciones, organizando la asistencia a vecinos afectados.
Para quienes quieran sumarse, la puerta está abierta. La información sobre talleres y actividades se encuentra en su cuenta de Instagram @elclucentrocultural, donde se actualiza la grilla semanal.
En tiempos donde el ajuste golpea con fuerza a la cultura y los espacios colectivos, El Club aparece como una experiencia que resiste desde lo cotidiano, apostando al encuentro, la organización y la construcción compartida. Un lugar donde, incluso en días lluviosos, la comunidad sigue haciendo pie.

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