Hay frases que parecen salidas de un manual, pero que en realidad son un boomerang político. La última ocurrencia del vocero presidencial, Adrián Ravier, de sugerir que los argentinos se «abriguen más» para no encender la calefacción no es una recomendación ingenua. Es un síntoma de una concepción del Estado que, ante el frío, responde con un eslogan en lugar de una política pública.
Pero para entender el peso de estas palabras, hay que volver a 1959. En plena presidencia de Frondizi, el entonces ministro de Economía, Álvaro Alsogaray, lanzó aquella frase que se convertiría en epitafio de una época: «hay que pasar el invierno». No era un consejo climático, era una declaración de principios ya que el ajuste era inevitable y el Estado no iba a amortiguar el golpe. Era el invierno del Fondo Monetario, del desembolso condicionado, de la primera gran experiencia liberal en la Argentina moderna.
Hoy, Ravier resucita ese espíritu con la misma lógica, el problema no es el precio del gas, sino la decisión individual de no prender la estufa. Es un mensaje que, envuelto en un tono de sentido común, esconde la idea de que el mercado regula todo, incluso la temperatura de tu casa.
Y mientras el vocero invita a buscar otro abrigo en el ropero, la realidad tarifaria golpea la billetera, desde este miércoles las tarifas de Edenor y Edesur suben un 5% en promedio para los casi 2 millones de hogares. Para las pymes y las industrias, el golpe es aún más contundente: hablamos de incrementos de hasta el 13,5%.

La paradoja es brutal. Mientras Ravier repite la receta de Alsogaray, el propio gobierno modifica las bonificaciones para que los hogares subsidiados paguen menos, pero deja al 40% de los usuarios residenciales a merced del precio estacional. No es un «pasar el invierno» igualitario, es un invierno a la carta donde el que puede pagar que pague, y el que no, que se abrigue.
El problema no es el frío. El problema es que, 65 años después de Alsogaray, seguimos con la misma discusión de que el ajuste lo pagan los mismos mientras desde el poder se repiten frases hechas como mantras. La retórica del «abrigarse» es un intento de disfrazar la ausencia de un plan energético con un consejo de abuelo.
Desmantelando la CNEA
La Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) notificó el despido de al menos 61 trabajadores contratados (los gremios elevan a un centenar) en lo que constituye el golpe más reciente contra el organismo rector del desarrollo nuclear argentino. Mientras las autoridades insisten en minimizar los hechos calificándolos como «contratos no renovados» de personal administrativo, la lista de desvinculados revela despidos entre ingenieros químicos, ingenieros electrónicos y técnicos especializados que se desempeñaban en áreas críticas como el desarrollo del reactor CAREM, la seguridad radiológica y la investigación en microscopía.