La sucesión de terremotos registrados en distintos puntos del mundo despertó dudas sobre si existe una relación entre estos fenómenos y si la actividad sísmica se encuentra actualmente por encima de lo habitual. Para responder estos interrogantes, el geofísico Andrés D’Onofrio, egresado de la Universidad Nacional de La Plata y doctorando del CONICET, explicó que la Tierra es un planeta dinámico y que sus movimientos forman parte de su funcionamiento habitual.
“Vivimos en un planeta que es dinámico, que no es estático. Se mueve todo el tiempo”, graficó D’Onofrio, y señaló que las placas tectónicas son “como un rompecabezas” que se desplaza continuamente. Cuando se produce una liberación brusca de energía, ese movimiento es percibido en la superficie como un terremoto.
El especialista dijo que los terremotos registrados recientemente en Venezuela, Colombia e Indonesia no necesariamente están relacionados. “Son terremotos asociados a dos bordes de placa distintos”, comentó al referirse particularmente a Venezuela y Colombia, y remarcó que “no hay una correlación directa entre la ocurrencia de un terremoto y el otro”.
D’Onofrio también diferenció los terremotos de las réplicas: “En general, los terremotos se comportan así: se dan en secuencias, donde hay algunos eventos de poca magnitud previos al evento principal, ocurre el evento principal y después van bajando progresivamente en magnitud. En Venezuela, sin embargo, se produjo una situación particular: dos movimientos de magnitud 7,5 y 7,2 ocurrieron con apenas 40 segundos de diferencia, por lo que fueron considerados un doblete.»
La cantidad de terremotos fuertes registrados durante el año tampoco representa, según el especialista, un fenómeno extraordinario. “Ya tenemos 11” terremotos de magnitud 7 o superior durante 2026, indicó, aunque recordó que durante todo 2025 se registraron 16., lo que “es un número totalmente normal”.
La profundidad también influye, aunque no es el único factor, porque “hay muchos factores que influyen en qué tanto se siente en superficie”. En el terremoto de Venezuela, por ejemplo, el movimiento tuvo una profundidad cercana a los 10 kilómetros, mientras que el de Colombia se produjo aproximadamente a 100 kilómetros.
Frente a la posibilidad de reducir los daños mediante construcciones adecuadas, destacó que la ingeniería antisísmica existe y puede disminuir considerablemente los riesgos. Japón es una «eminencia» en lo que es preparación antisísmica, explicó, y los edificios altos requieren especial atención debido al efecto de resonancia.
La región de La Plata tampoco está completamente exenta de movimientos sísmicos. El especialista recordó el terremoto ocurrido en 2018 en las cercanías de Chascomús, de magnitud cercana a 4, que fue percibido en La Plata y Buenos Aires. “Esos son los que se llaman terremotos intraplaca”, ya que se producen dentro de una placa tectónica y lejos de sus bordes.
Finalmente, puso el foco en una cuestión central frente a las versiones que circulan en redes sociales: “Los terremotos no se predicen”. La ciencia puede establecer probabilidades y realizar pronósticos de réplicas, pero no determinar exactamente cuándo, dónde y con qué magnitud ocurrirá un terremoto.