Los clubes de trueque vuelven a ganar espacio como una alternativa frente a la pérdida de poder adquisitivo y las dificultades que atraviesan muchas familias para acceder a alimentos. La experiencia impulsada en Pilar ya realizó dos encuentros y comenzó a replicarse en otros distritos de la provincia de Buenos Aires.
Ana Barreto, dirigente de Libres del Sur, contó que el primer encuentro se realizó el 8 de agosto y reunió a 50 puesteros y puesteras. Una semana después, la convocatoria creció a 75 puestos y el grupo de WhatsApp utilizado para organizar la actividad pasó de 80 a 170 integrantes.
La propuesta surgió a partir de una asamblea vecinal vinculada con una campaña alimentaria. “La gente no llega a cargar las bolsas, no llega a comprar los alimentos”, señaló Barreto al describir las razones que impulsaron la recuperación de esta modalidad.
La mayor parte de los productos que se llevan son ropa y calzado, tanto nuevos como usados, que los participantes buscan intercambiar principalmente por alimentos. En el primer encuentro apareció un problema y era que había mucha demanda de productos alimenticios y poca oferta. Por ese motivo, los organizadores comenzaron a solicitar donaciones de aceite, azúcar, harina, puré de tomate y otros productos básicos.
La convocatoria también incorporó juguetes y otros objetos, especialmente durante el segundo encuentro, realizado en vísperas del Día de las Infancias. A pesar del frío y la lluvia, más de 100 personas circularon por el espacio y, según Barreto, hubo mucho más intercambio que durante la primera jornada.
Entre quienes participan aparecen especialmente adultos mayores y jubilados. “Hubo tres mesas con tres jubiladas diferentes con el mismo planteo: querer ayudar”, relató la dirigente. Muchas buscan alimentos para sus propios hogares, pero también para colaborar con hijos, nietos y otros familiares.
Otro de los casos que mencionó fue el de un trabajador de entre 30 y 35 años que realiza repartos para aplicaciones y llegó al trueque con zapatillas y borcegos usados para intentar conseguir harina o fideos. Para Barreto, esa situación refleja las dificultades que atraviesan trabajadores que, pese a tener ingresos, encuentran cada vez más obstáculos para garantizar su alimentación.
También citó un relevamiento realizado por Libres del Sur sobre más de 1.300 familias en distintos puntos de la provincia. Los datos difundidos por la organización muestran que más de la mitad de los hogares encuestados se endeuda para comprar alimentos, el 60% redujo el consumo de carne, lácteos y frutas y el 70% disminuyó las porciones o saltea comidas.
Más allá del intercambio de productos, estos espacios permiten recuperar una dimensión colectiva frente a una situación económica que «no puede explicarse solamente por decisiones individuales».