La postal es cada vez más evidente en la calle; menos pasajeros, más horas de trabajo y una recaudación que ya no alcanza. En Berisso, el taxi atraviesa un momento crítico y el deterioro del sector empieza a sentirse con fuerza.
Sonia Bustos, de Taxistas Unidos, comentó que muchos choferes ya se volcaron a las aplicaciones para sostener el ingreso, mientras que quienes siguen dentro del sistema tradicional tienen que trabajar el doble para juntar lo mismo. El esfuerzo crece, pero la rentabilidad cae.
La realidad local tiene además una diferencia clave con La Plata; en Berisso no hay flujo constante de estudiantes ni trabajadores estatales que empujen la demanda. El movimiento depende casi exclusivamente del vecino y, en gran parte, de jubilados que hoy usan menos el servicio porque también vieron caer su poder adquisitivo.
A eso se suma un atraso tarifario que agrava el escenario. La tarifa está por debajo de la de La Plata y todavía no hay una actualización definida, aunque el sector ya anticipa que la semana que viene comenzará a moverse para pedir un aumento. No como solución de fondo, sino como una necesidad urgente para no seguir perdiendo terreno.
El golpe más fuerte se ve en los números; desde el sector aseguran que la recaudación cayó alrededor de un 60% en los últimos años, una baja que explica por qué el sistema dejó de ser sostenible. Lo que antes era una actividad estable, hoy obliga a muchos trabajadores a buscar alternativas para sostenerse.
Ese cambio también impactó en el valor de las habilitaciones. Durante años fueron una inversión fuerte, casi al nivel de una propiedad; hoy, perdieron valor de forma drástica, hay licencias que no se venden o directamente se dan de baja porque mantenerlas ya no es rentable.
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