El posible impacto del fenómeno de El Niño en los próximos meses vuelve a poner el foco en la capacidad de la provincia de Buenos Aires para afrontar períodos de mayores precipitaciones. Aunque comenzó a circular la denominación Super Niño, el escenario no implicaría necesariamente una situación de inundaciones generalizadas; el fenómeno puede modificar los patrones de lluvia, pero sus efectos serán diferentes según las características de cada territorio.
Según el INTA, la zona centro-este bonaerense aparece como una de las áreas donde podrían registrarse precipitaciones superiores a las normales. En ese sector se encuentra parte de la cuenca del Río Salado, que concentra especial atención por sus características productivas y por el estado actual de los suelos. El organismo también recuperó antecedentes de períodos de fuerte incidencia de El Niño, como 1997-1998, 2009-2010 y 2015-2016.
Uno de los principales interrogantes no pasa solamente por cuánto podría llover, sino por la capacidad de cada territorio para absorber y manejar el agua. Un relevamiento de CARBAP (Confederación de Asociaciones Rurales de Buenos Aires y La Pampa )sobre 92 de los 135 municipios bonaerenses indicó que 58 ya habían superado las medias mensuales de precipitación, incluso antes de que el fenómeno se manifieste plenamente. Entre los distritos mencionados aparecen Benito Juárez, Coronel Pringles, Pehuajó, Laprida, Tres Arroyos y 9 de Julio.
La saturación de los suelos constituye un factor relevante porque reduce su capacidad para absorber nuevas precipitaciones. Por eso, la prevención debe comenzar antes de que se produzcan anegamientos, cortes de caminos o inundaciones. La disponibilidad de maquinaria, la limpieza de canales y desagües y el mantenimiento de caminos rurales forman parte de las herramientas necesarias para reducir las consecuencias de un eventual exceso de agua.
En este contexto también aparece la discusión sobre los recursos destinados a infraestructura hídrica. En su análisis de política provincial, la periodista Gabriela Edith Lorenzo puso el foco en el Impuesto a los Combustibles Líquidos y en los distintos destinos que tienen esos fondos, entre ellos las obras hidráulicas. La falta de inversión en infraestructura genera preocupación porque, frente a una emergencia climática, son los gobiernos provinciales y municipales los que muchas veces deben afrontar las tareas de prevención, asistencia y recuperación.
Como parte de las medidas anunciadas, indicó que el Gobierno bonaerense informó inversiones por más de $15.700 millones, financiadas mediante el Banco Provincia a través de operaciones de leasing para distintos municipios. Los recursos permitirán adquirir maquinaria vial, equipamiento sanitario y vehículos. Estos elementos pueden ser utilizados no solamente cuando ocurre una emergencia, sino también para realizar tareas preventivas, como la limpieza de canales y el mantenimiento de calles y caminos.
El INTA también plantea la necesidad de pensar qué hacer con el excedente de agua. Entre las alternativas aparecen los reservorios, los humedales funcionales y estrategias para almacenar agua en el suelo, con el objetivo de aprovecharla durante posteriores períodos de sequía. De esta manera, la discusión deja de centrarse exclusivamente en cómo evacuar el agua y comienza a incorporar la posibilidad de gestionarla como un recurso.
Frente a este escenario, Lorenzo subrayó que el principal mensaje es evitar el alarmismo y fortalecer la prevención. El fenómeno de El Niño no significa que toda la Provincia vaya a quedar bajo el agua; el impacto dependerá de las precipitaciones, las condiciones de cada suelo y la infraestructura disponible. En una provincia con 135 municipios y realidades territoriales muy diferentes, la planificación estatal, la coordinación entre los distintos niveles de gobierno y el acceso a información oficial resultan fundamentales para anticiparse y reducir los posibles efectos de las lluvias.