El panorama que refleja el último informe del Centro de Economía Política Argentina (CEPA) constituye un verdadero llamado de atención para la política económica nacional. Lejos de tratarse de frías variaciones estadísticas, las cifras condensan la agonía silenciosa que atraviesa el corazón del tejido productivo y el mayor generador de empleo formal del país: el universo de las pequeñas y medianas empresas.
Entre noviembre de 2023 y junio de 2026, la Argentina ha sido testigo del cierre de 31.268 PyMEs, lo que equivale a la desaparición cotidiana de 33 unidades productivas. Esta sangría empresarial arrastró consigo la destrucción de 181.542 puestos de trabajo, con un promedio desgarrador de 193 empleos perdidos por día. La embestida ha mostrado una saña particular sobre los eslabones más débiles de la cadena: el 83,4% de las empresas clausuradas corresponden a microempresas de hasta 5 trabajadores, demostrando que allí donde el margen de maniobra es estrecho, el ajuste no deja espacio para la supervivencia.
El cuadro de situación expone una «tenaza» destructiva de dos caras. Por un lado, la contracción del mercado interno ahoga la demanda: las ventas minoristas han sufrido un deterioro del 10,1% en el último año acumulado, alcanzando caídas dramáticas en rubros clave del consumo masivo como Alimentos y Bebidas (-42,0%), Construcción y Ferretería (-37,0%) y Textil e Indumentaria (-25,7%). Mientras el consumo local se desploma, la apertura comercial desregulada empuja las importaciones de bienes de consumo final a picos históricos de USD 11.376 millones en el acumulado anual (+39,4%), sustituyendo trabajo y valor agregado nacional por producción extranjera y provocando un desplome del 26,9% en la producción industrial PyME en comparación con 2023.
Por otro lado, la estructura de costos operativos ha sido seriamente tensionada. Con un nivel general de precios que acumuló una variación del 336%, las tarifas de servicios públicos esenciales como luz y gas treparon un 853% —casi el triple de la inflación— y los combustibles se incrementaron un 631%. A esta disparada tarifaria se le suma una tasa de interés para financiamiento PyME que se mantiene de manera sistemática por encima de la inflación, encareciendo el crédito justo cuando la falta de liquidez exige mayor respaldo institucional.
En regiones de fuerte impronta industrial, comercial y laboral como Berisso y la región capital de la provincia de Buenos Aires, el deterioro del entramado PyME impacta de manera directa en el tejido social, erosionando comercios de barrio, talleres, cooperativas y pequeñas fábricas. La historia económica argentina enseña que sin PyMEs no hay empleo sostenible, ni dinamismo local, ni desarrollo equitativo. El desafío urgente de la hora pasa por escuchar las señales de alarma del sector productivo real y recrear condiciones macroeconómicas que protejan la producción, el trabajo y el consumo nacional.